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Y Pol aprendió qué hacer para ir a comprar el pan

Lo de Márquez no es normal; estamos delante de un fenómeno extraterrestre, inexplicable, metafísico, en el que cualquier intento de análisis lógico o racional es un sinsentido. Sería como buscar un punto en común en un debate entre Einstein y Marianico el Corto –el de los chistes, no el otro-, o como escuchar la teoría del big bang contada por Belén Esteban.

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Stephen Hawking dijo que “la raza humana necesita un desafío intelectual. Debe ser aburrido ser Dios, y no tener nada que descubrir”. Al bajar de su moto en Le Mans, Marc dijo que podía parecer fácil ganar cinco carreras, incluso remontar diez posiciones tras una mala salida, pero que no lo es en absoluto.

Y le creo. Pero como me veo incapaz de encontrar exactamente el origen de su hegemonía, me limitaré a destacar dos hechos de la carrera de MotoGP: el pundonor de Rossi y el “casi podio” de Pol Espargaró.

Del primero hay que ponderar que alguien con 35 años entre pecho y espalda (y un palmarés que, por conocido, no repetiré) sea capaz de plantar cara a una jauría de chavales hambrientos de victoria. En este deporte todo pasa a gran velocidad, especialmente la vida, y el transcurrir de un año en la vida de un piloto pasa facturas mucho más caras que las que pagamos el resto de la humanidad.

En Jerez, Pol Espargaró me comentaba antes de la carrera que todavía no le había cogido el rollo al carácter de su MotoGP. “Cuanto más quiero correr, peor lo hago y más nervioso me pongo”, me dijo Polyccio. “A veces me pego a Vale o a Jorge, y parece que no corran, que vayan parados, que vayan con la moto como el que va a comprar el pan,  y sin embargo cuando ves los tiempos que hacen… te quedas flipando. Pero cuando aprenda cómo y por dónde tengo que ir a comprar el pan estaré con ellos”, apuntó el de Granollers con su sonrisa de siempre. Pues Pol vuelve de Francia con dos o tres hogazas bajo el brazo…

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