PUBLICIDAD Billboard

Vivimos en directo el espectáculo de la Isla de Man

¿Cuántas veces lo has preguntado y cuán­tas veces te han dicho que tienes que ir al TT de la Isla de Man? ¿Mil veces? Pues ya son mil y una, como las noches de Sherezade. De la misma manera que si eres seguidor del Barça o del Madrid un día debes ir a ver un partido a su campo, con las motos hay que ir al TT.

PUBLICIDAD Content_1

No hay nada igual en el planeta. La atmósfera motera no tiene nada que ver con lo que te en­contrarás por ahí, el ambiente es irrepetible, con un paddock abierto y accesible a todo el mundo, por no entrar en el terreno deportivo de una ca­rrera que se corre por las calles de los pueblos y por una carretera de montaña donde un error se paga demasiado caro.

No os voy a aburrir con todo lo que disfruta­mos, de lo diferente que resulta dormir en las Snoozebox del paddock o lo impactante que resulta ver la carrera en directo (si los vídeos te sobrecogen, imagínate estar delante cuando pasan a 300 km/h). Pero sí os diré que duran­te una mañana, Honda, que hacía realidad este sueño, nos dejó una CBR1000RR y nos dimos una vuelta al circuito, que estaba abierto al tráfi­co. Por los tramos urbanos, Jose (Peiró), PR de Honda España, y servidor nos hacíamos cruces de cómo podían pasar volando a ras de suelo los corredores cuando nuestras CBR botaban de lo bacheado que está el asfalto.

Pero lo mejor es cuando llegas a la montaña y la carretera de un solo sentido y doble carril. Me pasaron dos locales arrancándome los adhesivos y me piqué, cómo no. Empecé a abrir a fondo y cambiar al hacer tope el puño… Segunda, tercera, cuarta… 190, 200, 210 km/h… La carretera se estrecha­ba, pero seguí apretando hasta que los pillé, pero por un momento vi la luz y pensé: “Hay que volver a casa”. Repelí el gas y respiré hondo; la monta­ña me había poseído por un momento. No iba ni a la mitad de lo que van McGuinness y compañía, pero por un rato estuve más cerca de ellos que nunca, los entendí y entendí el TT de la Isla de Man, y entendí por qué quiero volver y por qué tú tienes que ir.

Deja un comentario