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Triumph Bonneville T214 LE: Homenaje al cuadrado

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El 6 de septiembre de 1956, el piloto norteamericano Johnny Allen conseguía un nuevo récord histórico de velocidad a bordo de una Triumph Tiger 110; eso sí, enfundada en un carenado aerodinámico fusiforme de aluminio, más conocida como Texas Cigar. Esta es la historia que todos conocemos de sobras. Y es que este récord dio lugar al nacimiento en 1959 del que sería uno de los modelos más emblemáticos de la firma británica: la Bonneville. O sea que el récord de 214 millas por hora –345,06 km/h– ya tenía su homenaje con la propia Bonneville…

Pero bueno, en Triumph han querido hacer una serie especial de 1.000 unidades para conmemorar de nuevo tal efeméride, y lo hacen rebautizando la Bonneville como T-214. Como habrás adivinado, la denominación responde a las millas alcanzadas en aquel momento, 214.

Esta edición especial ha sido realizada sobre la base de una Bonneville T100, la más clásica de todas. Las modificaciones que hacen de la T-214 una montura muy especial se encuentran en el apartado estético. Para diferenciarlas del resto, Triumph ha escogido los colores que en 1956 utilizaba el Texas Ceegar, que no son otros que el rojo, el blanco (Pure White) y el azul (Caspian Blue) de la bandera tejana. Los diseñadores de la marca han repartido estos colores de forma muy atractiva y a nuestro parecer muy acertado a lo largo de toda la fisionomía de la moto. En concreto, el azul se ha utilizado para la parte frontal del depósito y el guardabarros delantero (donde también encontramos la estrella solitaria del estado de Texas), mientras que el blanco se emplea para el guardabarros posterior, la parte restante del depósito de gasolina y las tapas laterales. El conjunto se remata con unos anagramas ajedrezados en rojo (como los que decoraban la cola del Texas Ceegar), los logos 3D metálicos tipo vintage de Triumph en los laterales del depósito y, en la parte superior, un dibujo adhesivo lacado del Texas Ceegar con el nombre de su piloto y la cifra de la velocidad máxima alcanzada.

Por supuesto, toda esta decoración se aplica de forma totalmente artesanal en Hinckley, un detalle que le proporciona de algún modo la exclusividad y cuidado diseño que precisa una edición especial limitada que, por supuesto, se acredita a través de una placa numerada situada en la torreta que sujeta el manillar.

Posiblemente, uno de los argumentos más atractivos de esta bella T214, aparte de su estética, es que se trata de una moto funcional al cien por cien. Es perfectamente capaz de cumplir con las funciones que le exigimos a una moto actual; de hecho, como muchos de vosotros ya sabréis, no hay que dejarse engañar por la apariencia retro heredada de la T100, pues tecnológicamente se trata de una moto moderna y totalmente fiable, pensada y diseñada para ser utilizada sin limitaciones y comportarse de forma impecable en cualquier situación, ya sea circular por ciudad a diario, disfrutar al máximo en divertidas escapadas los fines de semana o, por qué no, incluso viajar.

Su secreto radica en el lógico diseño, es una moto cortita entre ejes, de carácter afable y bajita, por lo que no hace falta ser muy alto para que lleguemos perfectamente al suelo. Puede que la situación de las estriberas moleste un poco con las piernas bajadas y que, en parado, resulte un poco más pesada que otras naked de la categoría, pero a pesar de ello se deja manejar muy fácilmente. En marcha, en cambio, ese peso está muy bien repartido, y es que al estar muy cerca del suelo, su centro de gravedad se encuentra bastante bajo, lo que le confiere un aplomo y estabilidad excelentes.

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Sin cámara

 

Una de las principales diferencias de la T100 con respecto a la Bonneville es la adopción de llantas de radios con neumáticos con cámara; desde el punto de vista estético, es una elección acertada, sin duda, pero en cuanto a funcionalidad, hay algunas objeciones. Aparte de que la posibilidad de pinchazo es mayor, la llanta de radios delantera de 19 pulgadas –la trasera es de 17”– hace que su tren se comporte de forma más pesada y lenta que, por ejemplo, la Bonnie con llantas de aleación, pero, aun así, apoya perfectamente.

Como la mayoría de las naked clásicas, tiene una posición de conducción muy racional, el manillar está colocado bastante alto y no obliga a adoptar una postura exigente. Al mismo tiempo, el asiento es bastante grande y, aunque con el tiempo su mullido se acaba sintiendo un poco duro, en desplazamientos de recorrido medio funciona de maravilla. Respecto a las estriberas, colocadas justo en el centro de la moto, a nuestro parecer posiblemente estén un poco elevadas, pero hay que reconocer que gracias a ello la T214 puede alcanzar un ángulo de inclinación considerable.

En global, es una moto de conducción exquisita. A la neutra repuesta de su parte ciclo, se suma el comportamiento de su motor, un reconocido bicilíndrico paralelo –4T aire SOHC 4V– que, a pesar de su aparente sencillez, ha dado desde siempre unos resultados excepcionales.

Y es que, pese a su apariencia tranquila, la T214 es una moto divertida, las suspensiones se comportan a la perfección, sobre todo en lo referente a la horquilla, que posee un tacto muy progresivo y, en las frenadas más fuertes, no se descompone fácilmente. El doble amortiguador posterior se muestra más brusco, no absorbe los baches con la misma suavidad que la horquilla (tienen un recorrido bastante menor), pero esa rigidez es aprovechada en curva, donde sujetan de forma muy solvente los cuartos traseros de la T214.

Está claro que como moto de paseo para lucir el palmito es ideal, pero su propietario no tiene por qué conformarse únicamente con eso. Mecánicamente tiene a su servicio un motor muy funcional y francamente aprovechable, con unos bajos y medios notorios que la hacen ser sorprendentemente rápida en la salida de curva y acelerar muy bien desde parado gracias también a su gran capacidad de tracción y par. Obviamente, sus 59 CV reales a 7.400 rpm no son los suficientes para asustar a nadie, pero es la clave para los que están empezando o no quieren complicaciones. Para frenar monta un disco de freno delantero de 320 mm y uno posterior de 255 mm que están complementados por unas pinzas Nissin de dos pistones de buena potencia y con un tacto agradable y dosificable.

Por todo ello, la nueva Triumph Bonneville T214 es una buena moto, de gran calidad, bien equipada, diseño exquisito y funcionamiento impecable. Posee todo lo que buscamos en una moto actual, pero cuenta a su favor con el encanto y la personalidad que solo una neoclásica de su categoría puede ofrecer.

Si te gusta la Bonneville T100, pero quizás le encuentras que le falta algo de chispa, esta T214 es tu moto. Si tienes en cuenta que es una serie limitada y que, seguramente, ganará valor con el tiempo, no lo pienses más. Solo 1.000 afortunados clientes se la llevarán por 10.795 euros.

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