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Kawasaki Ninja H2: La bestia que silba

Deseosos de montarnos en la increíble H2R, hoy vamos al circuito de Cas­tellolí y nos “conformamos” con los 209 CV de la Kawasaki H2; caballos al embrague en nuestro banco de potencia que seguro que aumentan en las condiciones habituales debido a la entrada de aire en el Ram Air. En cualquier caso, una manada de caballos a la altura de las superbikes del momento.

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Pero no es la cifra lo que hace tan especial esta moto, ni tan solo la tecnología de última generación que comentaremos más adelante… Es que con ella sientes que puedes vencer las ingobernables leyes de la física y avanzar sin resistencia alguna. La aceleración resulta tan brutal que por momentos parece que vayas a despegar, algo que, gracias al buen trabajo efectuado en el ciclo, no ocurre.

La H2 es una moto diferente, un capricho de Kawasaki con el que hace pa­tente un secreto a voces: la marca de Akashi no fabrica solamente motocicle­tas. Digo “capricho” porque permitirse un alarde tecnológico como la Ninja H2, con los costes de desarrollo que supone, necesita el respaldo de un gigante como KHI (Kawasaki Heavy Industries).

Las dos palabras que componen el nombre del modelo Ninja H2 nos de­finen la identidad de esta moto. Se trata de una Ninja, una moto deportiva que hace honor a la saga, y por lo tanto una moto que se disfruta entre curvas, tanto en carretera abierta como en circuito. Pero también se trata de una bestia de la aceleración, al estilo de una Yamaha V-Max o una Ducati Diavel, por ejemplo, y por eso H2. En honor a la Kawasaki H2 Mach IV, que se produjo entre 1972-1975 y que equipaba un tricilíndrico de 750 cc 2T capaz de desarrollar unos 75 CV. En su momento destacó por ser una moto rápida, ruidosa y algo tosca e inestable; icono de una época en la que el rendimiento lo era todo, sin concesiones al consumo de combustible, la polución o el ruido generados.

A su manera, la nueva Ninja H2 conserva algo de ese estilo políticamente incorrecto de la tricilíndrica de los 70. Empezando por su aspecto, que no gusta a algunos porque es muy diferente a lo que estamos acostumbrados. El carenado se ha fabricado con la ayuda del departamento aeronáutico de Kawasaki. La careta frontal se parece más al morro de un Fórmula 1 que al de una moto deportiva, el carenado sin quilla deja al descubierto buena parte del motor y la pintura tipo espejo es tan llamativa como de gusto discutible.

Aunque hay que destacar que esta pintura con efecto espejo es la primera vez que se usa en una motocicleta producida en serie, habitualmente este tipo de pinturas con efecto espejo se logran con copos de aluminio (que son los que generan este efecto brillante), pero en este caso la capa plateada de aspecto tan uniforme se consigue mediante una reacción química con iones de plata. Además, se han aplicado el doble de capas de lo habitual y se ha pintado a mano. Asimismo, las curvas más complejas del chasis y del basculante se han soldado a mano. De hecho, el ensamblaje de la Ninja H2 es hecho en un departamento exclusivo de la fábrica de Akashi por artesanos especializados.

Ciclo a la altura

El chasis multitubular alberga el tetracilíndrico, permite gran difusión de calor y ofrece un gran nivel de rigidez, pero es también un chasis que ofre­ce buen feedback al piloto en el interior de la curva. El bello basculante monobrazo (el primero de Kawasaki) permite pegar el escape al centro de la moto, de manera que no roce cuando inclinamos. Y las protube­ rancias aerodinámicas que vemos en el carenado se encargan de evitar turbulen­cias cuando avanzamos a toda velocidad.

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Justamente, la dificultad a la que se en­frentaron los ingenieros de Kawasaki fue la de aunar estabilidad a alta velocidad con manejabilidad. No querían hacer un dragster, y la H2 no lo es, se mueve entre curvas con la agilidad de una deportiva, a pesar de sus 238 kg. Esto es así porque la distancia entre ejes de la H2 es de solo 1.455 mm, la habitual en una moto deportiva, lo cual nos indica que no se trata de una bestia que simplemente acelera como un demonio.

Evidentemente, sus tiempos en circuito no serán los de una superbike, pero su aspecto engaña. A la vista es una moto aparatosa, con el motor enorme y el frontal muy ancho, pero una vez que empezamos a rodar con ella vemos que si nos movemos bien vamos a ser capaces de salvar las curvas a buen ritmo. La mayor diferencia la encontramos en las frenadas, pues, aunque la Ninja H2 equipa pinzas Brembo M50 sobre discos de 330 mm y 5,5 de espesor, hay que acostum­brarse a su peso y su aceleración.

En un primer momento es relativamente fácil colarse, pues cuesta asimilar que realmente llegas a la curva a tanta velocidad. Luego te das cuenta de que vale la pena frenar antes y aprovechar el motor. En este caso tampoco hay que precipitarse, pues el tacto de gas es muy directo, por lo que habrá que esperar a tener la moto más o menos recta si no queremos dar de­masiado trabajo al S-KTRC (el control de tracción predictivo de Kawasaki).

Por suerte, tenemos la garantía de unas suspensiones KYB de primera calidad. La horquilla, AOS-II, deriva de los cartuchos desarrollados en motocross, que tienen la particularidad de se­parar el aire del aceite. El amortiguador, regulable en tres vías, va anclado mediante un renovado sistema Uni-Trak.

El porqué de todo esto
 

Nos hemos reservado la guinda para el final, pues sin el compresor fabricado por Kawasaki, movido por el cigüeñal y situado detrás de los cilindros, esta deportiva no sería la moto que es. Su sonido es tan particular como adictivo, pues el silbido que oímos se queda en algún rincón de nuestro cerebro e, incluso cuando hemos dejado la moto, nos parecerá seguir oyéndolo. Lo que está claro es que desearemos volverlo a escuchar. Pero que no nos confunda el silbido, pues no se trata de un turbo movido por los gases de escape.

El motor, un tetracilíndrico en línea de 1.000 cc, está diseñado para soportar esfuerzos dos veces superiores a los de un motor de aspiración de la misma cilindrada. Lo único que cambia respecto a la H2R es la junta de culata, el árbol de levas y el embrague, por lo que la resistencia del motor de la Ninja H2 está más que garantizada. Es por ello por lo que la lubricación se ha tratado con especial esmero: un solo sistema inyecta aceite a los com­ponentes del motor, al compresor y a la caja de cambios. Ésta, tipo Dog-ring, prescinde de horquillas y utiliza anillos desplazables, con lo cual es más rápida y precisa; se trata del tipo de transmisión utilizada en Fórmula 1 y en MotoGP. Además, por primera vez en una Kawasaki de producción, viene con cambio semiautomático.

El compresor volumétrico es movido por un tren de engranaje plane­tario, una unidad muy compacta con muy poca pérdida de potencia, que sale del cigüeñal. Tal engranaje aumenta la velocidad de la tur­bina 9,2 veces respecto a la del cigüeñal, de manera que a máximas revoluciones del motor (14.000 rpm), la turbina gira a 130.000 rpm. La turbina está hecha de un bloque de aluminio forjado, tiene 6 cuchi­llas que se expanden en 12 en la base y una capacidad de bombeo de 200 litros por segundo, por lo que la admisión de aire alcanzará velocidades de 100 m/s.

Pero si te decides por una Ninja H2, no será por lo extraordinario de sus novedosas soluciones tecnológicas, será porque quieres la máquina más brutal de dos ruedas jamás homologada. Y será porque has oído ese silbido y no puedes quitártelo de la cabeza.

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