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Dakar alternativo: Silvia

La noche de ayer la pasé en el campamento de San Luis y el domingo, día de Reyes, en lugar de ir a San Rafael como la caravana del Dakar, me vine hasta San Juan para descansar y poner al día mis textos.

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La noche de ayer fue espantosa, dormí al raso en el campamento. No es que me importe dormir sobre mi colchoneta acurrucado en el saco, pero es que me acosté a la una de la mañana después de buscar una lentísima conexión a Internet, y a las 4:30 de la mañana las motos comenzaron a pasar por mi lado en dirección a la salida: se acabó mi sueño. Así que decidí irme a San Juan a reponer fuerzas, tomarme tiempo para escribir y ahorrar kilómetros a la Adventure, pues le tocaba cambio de aceite a los 1.000 kilómetros y en este primer cambio hay que ser riguroso.

Silvia
La ruta entre San Luis y San Juan fue muy aburrida. Una larga recta de más de 300 kilómetros bajo el sol, un paisaje árido salpicado de matorrales, algunos chivos despistados y poco más. Apenas hay pueblos ni tampoco estaciones de servicio… Será por un exceso de confianza o por puro desconocimiento, pero lo cierto es que elindicador de combustible de la Adventure me avisó que me quedaba combustible para 60 kilómetros, pero me empecé a preocupar cuando descubrí la soledad de la nacional 147 a la altura de la Sierra de las Quijadas: ni un alma, ni un pueblo, nada de nada.

Preocupado me detuve en San Antonio, un poblado de apenas 300 habitantes. Le pregunté a un chaval que a cuántos kilómetros estaba la próxima estación de servicio y me dijo que a 100 kilómetros. Es decir que no llegaría ni en broma.

Silvia igual te puede vender algo de nafta”, comentó el chaval (la nafta es como llaman aquí a la gasolina).

"¿Dónde esta Silvia?", le pregunté.

En su chiringuito, durmiendo, picá a la ventana”.

Dicho y hecho, eran las 8:00 de la mañana y Silvia me abrió la puerta de su “chiringuito”. Una estancia de apenas 20 metros cuadrados con muebles destartalados, dos jaulas con pajaritos, una nevera, TV y un equipo de música. Silvia es una mujer de unos 60 años.

"¿Café?"

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"OK, gracias"

"¿Nafta?"

"Sí, por favor"

"¿Cuánta?"

"Pues con ocho litros llegaré hasta la próxima estación de servicio"

Dicho y hecho. Silvia sacó dos garrafas de cristal de no se donde (“no me hagas fotos por favor…”) y me cobró a 12 pesos el litro cuando se encuentra a 9 pesos. Así llegué hasta San Juan.

 

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