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CFRP, el plástico híbrido

Con el avance de los plásticos se lograron fórmulas cada vez mejores y más resistentes, pero ninguno de ellos llegaría a tener las cualidades de la fibra de carbono. Esta fibra se convirtió en el estándar para ahorrar y, al mismo tiempo, conseguir una rigidez más propia de un metal -aunque es muy quebradiza–. ¿Y por qué no combinar plástico (poliéster, nailon) y fibra de carbono? Pues a eso se le denomina CFRP, Carbon Fibre Reinforced Plastic, plástico reforzado con fibra de carbono, que combina la flexibilidad del plástico con la rigidez y resistencia de la fibra de carbono. De momento, su campo de aplicación está en el mundo del automóvil, gracias al cual se consigue ahorrar mucho peso –y consumo de combustible– en parachoques, paneles y capós; por ejemplo, los del BMW i3 eléctrico o el poderoso M3 CSL. También se usa en el terreno de la construcción civil, en equipamiento deportivo, en electrónica y en ingeniería aeroespacial. De momento no ha llegado a la moto, pero todo se andará.

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Existen muchos más plásticos híbridos reforzados con aramidas y otros tipos de fibras exóticas, pero el principal inconveniente es hallar el proceso productivo en serie que permita un coste asequible.

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